
Y volví a sentir ese calor que me despierta amor, ese que quema mi nuca cuando te doy la espalda, que enciende mis ojos cuando estoy de perfil. Te observo. Quizás no de tan cerca, quizás no como quisieras o como pudiera yo querer. Te observo anelar, y me provoca eso que me aleja, pero a la vez me conserva. Alquimia de mis opuestos, continua seducción. Mi juego me aprisiona y me contiene. Aprendo con él, de sus trampas, y evito caer cada vez. Evito enamorarme de alguno de los dos para querer volver al otro, reconocerlo, y vivirlo otra vez. Y cuando aún no caigo, pero aparento vencida, empieza de nuevo otra ronda, y otro ciclo, amiga.
Todo.
Y nada.
(la escultura es de Ron Mueck)